Las mejores fórmulas para automotivarse
La motivación no aparece por arte de magia: se puede entrenar. Te contamos las técnicas que mejor funcionan para ponerte a estudiar y no abandonar a mitad de camino.
La motivación es lo que te empuja a actuar. Cuando desaparece, cualquier tarea que exige esfuerzo, como estudiar, se hace cuesta arriba. La buena noticia es que no depende solo de tu carácter ni de si "tienes el día". Hay trucos sencillos, muchos de ellos comprobados por la investigación, que te ayudan a arrancar y a mantener el ritmo.
Tipos de motivación
Los expertos en psicología distinguen dos tipos de motivación.
La interna nace de ti: estudias porque te interesa el tema o porque quieres prepararte para lo que viene.
La externa viene de fuera: estudias para aprobar, para que tus padres no se enfaden o para conseguir una recompensa.
¿Cuál es mejor? La interna es la que más aguanta cuando las cosas se complican. Pero la externa no es mala: una buena nota o un premio también ayudan, sobre todo al principio. Lo ideal es combinarlas. Además, tu motivación crece cuando sientes tres cosas: que eliges tú, que eres capaz de hacerlo y que no estás solo.
Descubre qué quieres y por qué lo quieres
El primer paso es elegir bien tus objetivos. Si estudias algo solo porque lo quiere tu familia, pero a ti no te dice nada, es fácil que acabes tirando la toalla. Así que párate a pensar: ¿qué quiero hacer yo? ¿Mis razones son mías o me las han impuesto?
Si hablas de esto con tus amigos, verás que cada uno tiene motivos distintos. Mira lo que nos han contado otros estudiantes:
"Para mí lo más importante es hacer algo que me guste. Quiero estudiar Bellas Artes porque me puedo pasar horas y horas pintando. Eso es lo que me hará feliz", comenta Esperanza, de Jaén.
"Yo no tengo paciencia para sentarme delante de un libro. Me gustan las cosas prácticas y quiero empezar a ganar dinero cuanto antes. Por eso voy a hacer un ciclo de FP de electrónica", nos cuenta Pedro, de Cuenca.
"Quiero una carrera con buen futuro, aunque me cueste. Me gustan la física y los números, pero no creas que lo apruebo todo. Aun así, tengo claro lo que quiero y me estoy preparando para sacar buena nota en la PAU y entrar en Ingeniería", dice Antonio, de Madrid.
Cuando tengas claro tu objetivo, escríbelo y déjalo a la vista en tu mesa de estudio. Puede ser algo concreto, como sacar un 8 en Física, o más general, como prepararte para ser maestro. Tenerlo delante te ayudará a no perder el rumbo.
Las mejores fórmulas para automotivarte
No esperes a tener ganas: empieza. Mucha gente cree que primero llegan las ganas y luego se actúa, pero suele ser al revés. Ponte cinco minutos con la tarea. Casi siempre, una vez que arrancas, te resulta más fácil seguir.
Divide el trabajo en trozos pequeños. "Estudiar Historia" asusta. "Hacer el esquema del tema 3" no tanto. Las tareas pequeñas y concretas se empiezan antes y te dan la sensación de avanzar. Una técnica muy usada es estudiar en bloques de 25 minutos con 5 de descanso.
Ponte metas claras y realistas. Si te propones sacar sobresaliente en todo desde el primer día, lo más probable es que te frustres. Márcate retos que te exijan un poco más de lo que haces ahora, pero que puedas cumplir. Cuando los superes, sube el listón.
Imagina tu meta, pero también los obstáculos. Soñar con el éxito está bien, pero las investigaciones de la psicóloga Gabriele Oettingen muestran que imaginar solo lo bien que saldrá todo puede quitarte energía para esforzarte. Funciona mejor hacerlo en cuatro pasos. Piensa en tu objetivo y en lo bien que te sentirás al lograrlo. Después piensa en qué te puede frenar. Por último, decide qué harás cuando aparezca ese obstáculo. Por ejemplo: "Si me entran ganas de mirar el móvil, lo dejaré en otra habitación hasta el descanso".
Aleja el móvil. Las notificaciones son el mayor enemigo de la concentración. Varios estudios han visto que tener el móvil a la vista, aunque no lo toques, reduce tu capacidad de atención. Déjalo en otra habitación o activa el modo "no molestar" mientras estudias.
Planifica y tacha. Apunta en una agenda o en una app lo que vas a hacer cada día, con hora de inicio y de fin. Cada vez que termines una tarea, táchala. Ver lo que ya has hecho es un pequeño chute de motivación.
Haz algo cada día. Es mejor estudiar un rato todos los días que darte un atracón la víspera del examen. La constancia crea un hábito y, con el tiempo, ponerse a estudiar te costará cada vez menos.
Ve el fracaso como una forma de aprender. Un suspenso no dice que no vales, sino qué tienes que mejorar. En vez de pensar "no sé hacer esto", prueba con "todavía no sé hacer esto". Esa palabra, "todavía", cambia la forma en que te enfrentas a lo difícil.
Cada esfuerzo cuenta. Si estás estudiando para un examen que ves muy difícil, piensa que nada de lo que aprendes ahora se pierde. Aunque no apruebes esta vez, te servirá para la siguiente.
Recuerda lo que ya has conseguido. En los momentos bajos, piensa en otras veces en las que algo te parecía imposible y lo sacaste adelante. Te recordará que eres capaz.
Ponte pequeñas recompensas. Después de una tarde de estudio, date un premio: un capítulo de tu serie, quedar con tus amigos o salir a hacer deporte. Asociar el esfuerzo a algo agradable ayuda a repetirlo.
Cuida tu espacio de estudio. Busca un sitio con buena luz, una silla cómoda y la mesa despejada. Puedes añadir algo que te inspire, como una frase o la imagen de alguien a quien admires.
Estudia acompañado de vez en cuando. Quedar con un compañero para estudiar, aunque cada uno vaya a lo suyo, ayuda a mantener el ritmo. También puedes explicaros la materia el uno al otro: es una de las mejores formas de aprender.
Duerme y muévete. Cuando duermes poco o pasas el día sentado, tu energía y tus ganas caen en picado. Dormir bien y hacer algo de ejercicio no es perder el tiempo: es parte de estudiar bien.
Dale un sentido a lo que estudias. Piensa en para qué te sirve lo que haces ahora: la carrera o el ciclo que quieres estudiar, el trabajo que te gustaría tener o, simplemente, aprender cosas que te interesan. Cuando el esfuerzo tiene un porqué, cuesta menos.
Y si la falta de ganas no se va
Todos tenemos rachas malas. Pero si llevas semanas sin ganas de nada, no solo de estudiar, o te sientes triste o agobiado casi todo el tiempo, no lo cargues tú solo. Habla con tu familia, con el orientador de tu centro o con tu médico. Pedir ayuda también es una forma de cuidar tus estudios.
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